Ayuntamiento de Villafranca de los Caballeros Tel: 926 55 86 40

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El urbanismo de Villafranca de los Caballeros anterior al año 1.183, fecha en que la Orden Militar de San Juan se asentó en el Castillo de Consuegra, se reduce a pequeños núcleos de población, ibero, romano, y árabe principalmente, establecidos en las riberas del Río Amarguillo.

La zona de Villafranca empezó a repoblarse en siglo XIV, un siglo más tarde que el resto de las aldeas que formaban el Campo de San Juan. El siglo XVI supuso para esta villa un despertar en el aspecto administrativo, político, cultural y artístico. Por un lado se observo un gran incremento en su población, quizás debido al auge económico del momento o la concesión del Privilegio de Exención de la Jurisdicción de Consuegra. De otro lado, en la primera mitad de este siglo, la Orden de San Juan mando construir su Parroquia en un lugar descampado, en la ribera del Río Amarguillo. El siglo XVII fue una prolongación del siglo anterior. Su población siguió el ritmo creciente hasta los años centrales del siglo XIX.

La modelación del casco urbano de Villafranca siempre estuvo supeditada a la acción del Río Amarguillo. En 1.788, por orden del Infante Don Gabriel, se abrió el actual cauce del río con su malecón o Atajadero. A Francisco Sostre, Aparejador del Gran Priorato de San Juan, se debieron toda clase de planes y proyectos para salvar Villafranca de las espantosas crecidas y avenidas del río. Gozan de especial singularidad sus diseños de puentes (del Camino Real que va a Herencia, del Río Valdespino, del Camino del Monte, y de espaldones (desde los Caminos Alto y Bajo de Camuñas hasta la Zanja, y desde la ermita de San Blas hasta la Zanja antigua).
La configuración de la red viaria quedo establecida en el setecientos. La calle del Riato, formada en 1.784, marco la organización del resto de las vías.

En el centro del casco urbano se distribuyeron como zonas públicas, las plazas de Villafranca. En fecha temprana apareció la llamada de la Cruz de Lozano, y a partir de ella surgieron las demás: la plaza del Ayuntamiento, el Pozo Palacio (en la segunda mitad del siglo XVIII tomo la acepción de plaza) y las plazuelas de la Carnicería y de Toribio.

Las manifestaciones artísticas se localizaron, desde un principio, en los puntos más céntricos del poblado.

Las arquitecturas civiles más sobresalientes estaban agrupadas entre ellas, las casas de Ayuntamiento, alzadas al lado de la plaza que lleva su nombre, estaban unidas al Hospital de Nuestra Señora de la Asunción (formado por la propia casa y la ermita de esta advocación, con puertas a la calle de la Virgen). Una cárcel se construyo en las casas de Ayuntamiento y otra se ubico en la casa vecina al Mesón del Presbítero Don Juan Alfonso del Val y Heredia.
Entre las construcciones villafranqueras (cheleras) del siglo XVIII despunta la Casa Tercia, perteneciente al Gran Prior de San Juan. En 1.752 tenía cinco graneros, patio, bodega y jaraíz. En ella se llevaron a cabo varias obras en las que intervinieron sucesivamente varios maestros: Juan Arenas (demolió el hastial que miraba al Sol Poniente), Alfonso de Vargas (construyo la habitación al Administrador Pedro Luis Lujan), etc. El 8 de abril de 1.805, el Arquitecto Juan de Villanueva señalaba que era imprescindible reparar sus tejados, sus armaduras y ejecutar una nueva portada.

Los edificios religiosos de Villafranca de la Orden de San Juan se construyeron equidistantes entre sí.

La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción ha presentado dos tipos de planta. SU primera fábrica, del siglo XVI, respondía al modelo de cruz latina con crucero marcado, presbiterio circular (al exterior recto), sacristía y dos naves. De su antiguo esquema destaca: el Crucero con su Capilla Mayor cubierta de crucería gótica de última época, y sus brazos con bóvedas de media naranja; los robustos pilares circulares de alto basamento; las naves, de diferente anchura, cubiertas de madera ay separadas por dos columnas cilíndricas, rechonchas, de fuste liso y capitel octógono.

Para la Iglesia de Santa María de Villafranca, nombre que adopto al principio, trabajaron los maestros de obras: Andrés García Parra (en 1.715 reparo la sacristía), Juan de Arenas ( en 1.731 desenvolvió la nave pequeña), Manuel Pavón ( en 1.748 reparo la canal maestra del tejado de la sacristía y algunas quiebras en las naves). José Palacios, Maestro Mayor de Obras de la Dignidad Prioral, en 1.776, trabajo en el chapitel de la torre y proyecto la construcción del Retablo Mayor. A cada reforma de la Iglesia correspondía una renovación de ornamentos.

En 1.777 se pensó ampliar la Iglesia. Por ello, José Palacios calculo el costes que tendría si se hacía de nueva fábrica (200.000 reales) y el que tendría si solo se ampliase (230.000 reales). Sin embargo, hubo que esperar hasta el año 1.786 en Francisco Sostre realizo unos planos de sus cortes, revisados por Juan de Villanueva, para ejecutar las obras precisas para la seguridad y decencia de esta Iglesia. Francisco Sostre dirigió las nuevas obras del templo desde el día 10 de marzo de 1.787 hasta el 20 de agosto de 1.791. 

El edifico presento como novedades el añadido de la nave del Evangelio, el solado de piedra de sillería de losa en todo su interior, el volado con piedra de sillería de dos tonos, la desaparición del coro situado en la nave central trasladándose al Presbiterio, las cuatro hornacinas para altares en cuerpo de la Iglesia, etc.
Estas obras se continuaron y concluyeron con el Señor Infante Don Pedro, hijo de Don Gabriel.

Los reparos de la nueva fábrica de la Parroquial de Villafranca corrieron a cargo del Arquitecto Don Juan de Villanueva (1.801), del Aparejador Don Joaquín Francisco Pérez (1.808 y 1.817) y del Aparejador de las Reales Obras Juan Ruiz de la Sierra (1.818). De la obra de ensamblaje y talla de los retablos de una nueva Iglesia se encargo el tallista Don Manuel de Monjas, y de los adornos.

Por orden del Señor Don Jerónimo de Mendinueta, Curador y Secretario del Señor Infante Gran Prior de San Juan, Doña Mónica Sánchez Hurtado doró y pintó el Altar Mayor y demás altares. La obra pictórica se encomendó a Don Antonio Martínez Mazarambroz (cuadro de Nuestra Señora de la Asunción y el de Nuestra Señora del Rosario) y a José Beratón (Nuestra Señora de la Concepción, San Francisco de Asís y el Santo Ángel de la Guarda).
De todo esto se deduce como las grandes reformas acaecidas en la Parroquia de Villafranca en los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX le quitaron su antiguo carácter, acentuándose con la invasión realizada durante la guerra civil, y con su consiguiente a reparos. La actual Iglesia sigue manifestando ese eclecticismo, resaltado con el transcurso de los años.

Las Ermitas de Villafranca de los Caballeros casi no han perdido el sello que las caracterizo. La ermita del Stmo. Cristo de Santa Ana es la que mejor se ha conservado quizás a causa de la veneración que todos los vecinos de este pueblo sienten por nuestro patrón así como por la casa que lo alberga.

El Convento de la Santísima Trinidad, levantado en Villafranca a principio del siglo XVII, tuvo muy poca trascendencia en el panorama histórico de esta población.

Por último, hablamos del Cementerio, primero enclavado en la Iglesia Parroquial en cuyo interior se distinguían varios lugares de enterramiento; a continuación, se eligió la Ermita del Cristo de Santa Ana como Iglesia Cementerial por estar extramuros del pueblo (hoy hay una residencia de ancianos), en cuyo lugar permaneció el Campo Santo hasta la segunda mitad del siglo XIX en que fue construido, contiguo a la segunda ermita de San Juan, el actual cementerio.

Por lo tanto se puede concluir diciendo como Villafranca de los Caballeros es un ejemplo evidente de síntesis histórica, pues en él se aglutinaron, a nivel local, las culturas más preponderantes desarrolladas en la península Ibérica.