Ayuntamiento de Villafranca de los Caballeros Tel: 926 55 86 40

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Como podéis apreciar, la Bandera forma una figura perfecta, que constituye uno de los símbolos fundamentales, el CUADRADO que simboliza el mundo creado, tangible, limitado y cambiante, muy relacionado con el (4), número asociado con la cruz y el cuadrado. En efecto, el cruce de unas rectas perpendiculares determina en esta bandera una CUATRIPARTICIÓN que representa todo lo terrenal, así como lo habitado y acontecido en ella:

- Los Cuatro Evangelistas como pilares de la Iglesia Cristiana terrenal: San Lucas, San Mateo, San Juan y San Marcos
- Los Cuatro Humores del ser humano (Sanguíneo, Colérico, Melancólico, Flemático)
- Las Cuatro Estaciones de Año: Primavera, Verano, Otoño e Invierno
- Las Cuatro Fases Lunares: Luna Nueva, Cuarto Creciente, Luna Llena y Cuarto Menguante.
- Los Cuatro Ríos Bíblicos de la Vida: Tigris, Éufrates, Pisón y Guihón, o los Cuatro Ríos de la Tierra: Nilo, Ganges, Danubio y Río de la Plata.
Los Cuatro Puntos Cardinales: Norte, Sur, Este y Oeste
Los Cuatro Elementos de la Vida y el origen del Mundo: TIERRA, FUEGO, AGUA Y AIRE.Y con ellos me quedo para reflejar a mi pueblo a través de esta bandera:

TIERRA
Villafranca es tierra árida y llana inmersa en pleno corazón de la Mancha, cambiante como el ciclo de la vida, como las cuatro estaciones, como su paisaje, que experimenta el inexorable paso del tiempo. Campos que han nutrido a cuatro grandes productos, que han dotado de prosperidad y sustento a las familias de este pueblo: (me refiero a) la VIÑA, el CEREAL, el OLIVO y el AZAFRANAL.

También son cuatro los oficios honrosos, que históricamente han llenado de dicha a nuestras gentes: AGRICULTORES, TEJEROS, ARRIEROS Y ALFAREROS.

Pero también fueron las HUERTAS las que alimentaron las bocas de los villafranqueros, así como, por supuesto marcaron el perímetro de este pueblo en base a los Cuatro Puntos Cardinales, (puntos) que durante estos tres días de festejos, guiones, pajes y mayordomos recorren mañana y tarde, de Norte a Oeste, y de Sur a Este.

AL NORTE, la Huerta Honda y la Huerta del Tío Juan Manuel, padre de Matías y abuelo de Prudente.

AL OESTE, la Huerta del Tío Antonio Avilés, apodado “Cojo Nariz”, y la Huerta de la Cruz de Sandalio (abuela de Cleto y Felipe)

AL SUR, la Huerta de la Alameda (propiedad de Agapito Velasco), y la Huerta de Camastros (propiedad de Demetrio Gómez-Chacón Álvarez de Lara)

Y al ESTE, la Huerta de Romanones, la Huerta de la Tía Ana, posteriormente de la tía Aleja, y la Huerta de Daniel Camuñas “Patas”.

Como veis, OFICIOS, CULTIVOS y “PEONAS” que esta tierra hizo convertir a sus habitantes en “Eruditos en el arte de existir, muchas y muchos, hasta salían doctores y licenciados en la larga y escarpada senda de la vida”, pero eso sí, con unos corazones llenos de pasión y ansiosos por latir y luchar (lo que hiciera falta), como así se remarca en el color Rojo de la Vida y la Pasión que rodea esta bandera.

FUEGO

El Fuego y su experiencia debieron impresionar, de forma abrumadora, a los hombres desde los albores de su razón.

El Fuego es una realidad devastadora e implacable, pero al mismo tiempo dominada e imprescindible para la vida. Llega a representar el CALOR, la LUZ, la COCCIÓN DE LOS ALIMENTOS, el AHUYENTAMIENTO DE LA FIERAS.

Es importante, esencial y necesario preservar el Fuego para el bien de este pueblo, como así debe de mantenerse encendida la llama del amor que da calor al hogar, esa lumbre llena de sentimientos y querencias a la que se arrima y vincula la Familia, más que nunca, en estos tiempos que corren de infortunios e injusticias, en los que el enriquecimiento material se antepone, lamentablemente, sobre la dignidad humana.

AGUA

El agua como elemento de la vida, tiene un carácter purificador y fecundante. Abundan los mitos de los orígenes, según los cuales, brota la vida de las aguas, como lo hicieron en esta tierra CUATRO PEQUEÑOS GRANDES RÍOS DE AGUA, ese creciente fértil que hizo fecundar a este suelo con los primeros asentamientos humanos, nuestros antepasados; me estoy refiriendo a:

El Río GIGÜELA, el Río AMARGUILLO, el Río RIÁNSARES y el Arroyo de la CAÑÁ GONZALO, que con su curso y cauce, no sólo nutrieron los cultivos de huertas y piazos, sino que también encarnan el Ciclo de la Vida de las gentes de esta muy noble y leal Villa.

La corriente de agua de estos ríos, en el punto inicial de su nacimiento, es viva, baja muy rápidamente, con mucha fuerza y erosionando el terreno por donde circunda; como la vida de un villafranquero al nacer, radiante, vigoroso, lleno de vitalidad y energía que hace huella en los que lo rodean.

Según va avanzando el curso medio del río, la pendiente disminuye, y la corriente de agua aminora su velocidad y erosión, pero va transportando un cúmulo de materiales desde su nacimiento. Al igual como el río fertiliza y enriquece las riberas que recorre en su curso, las mujeres y hombres de este pueblo siguen generando y fructificando nuevas vidas, que sin duda, conforman el futuro de esta querida tierra.

Otros rasgos de estos ríos son: la transitoriedad (como transitoria, pasajera, perecedera y temporal es nuestra vida); o la irreversibilidad (jamás un río vuelve atrás, como las mujeres y hombres de este suelo que se caracterizan por no doblegarse ante las adversidades utilizando su proverbial entereza).

¡Y es que somos personas con decisión propia, intrépidas, emprendedoras y aventureras, valientes y cumplidoras!
Ya llegando al lugar de desembocadura de estos ríos, en su curso más bajo, sus aguas son más calmadas, con mayor caudal y con abundante material sedimentario, arrastrado desde su nacimiento; como así, es la etapa de madurez y vejez de todo el que se sabe y se siente chelero, experimentado por la vida, arrastrando todo tipo de vivencias, hasta el declive de su existencia, hasta su desembocadura.

Como veis, NACIMIENTO, VIDA y MUERTE que bien supo reflejar el poeta Jorge Manrique en sus famosas estrofas:
“Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la Mar, que es el morir”

AIRE

El último elemento de los cuatro que conforman el origen de mi pueblo; el aire chelero que embriaga e inspira mis pensamientos, introduciéndolos sutilmente en lo más profundo de mi ser.

Aires impregnados de olores, sabores y colores que evocan a toda la cultura material e inmaterial, desbordante de tradiciones, costumbres y vivencias cotidianas, que configuran los diferentes aromas de este GRAN PERFUME, llamado VILLAFRANCA, con el que uno, humildemente se engalana, ya sea verano o invierno, otoño y primavera.

Si es en primavera:

Fragancias a Cuaresma, torrijas, rosquillas, natillas y hasta a Santos en “Rilera”.
A Geranios y Rosales que decoran y perfuman patios interiores, pasillos y corrales.
A “Sanmarquear” por el Rey de los Charcos, y con un hornazo debajo del brazo.
A Romería de San Isidro y del Rocío, que ambos se unen hasta con un abrazo.
A “Cabeceo” y “jalbiego”, que enlucen cuartos, fachadas, cámaras y patios.
A Cereal espigado y campo dorado, que luego con el calor y ya por Santiago, daba fatigas y faena a los gañanes en los piazos.

Si es en Verano:

A San Cristóbal romero, a pino y a cerro, a salitre y cieno, a junco y carrizo lagunero.
A pincho de tortilla y cata con “pistejo”, que una vez dentro, a uno le quitan el “sentío” cuando aún tiene el bañador “mojao” y puesto.
A canto de grillos bajo el cielo estrellado, a viñedos en riego que enriquecen este suelo manchego.
A esas noches de salirse al fresco, aunque a veces, lo único fresco sea lo que uno se mete en su cuerpo.
A noches en la plaza ferviente de bullicio y alboroto, corazón y centro, así es, como bien sabéis, nuestro lugar de encuentro.
Aires que culminan con aroma a Carros, Novena, Pólvora y verbenas, a devoción y procesión en honor a nuestro Santo Patrón, en la que esta bandera, junto con su compañera, tienen y encuentran la ocasión de su acción.

Si es en Otoño:

El olor a mojete y a vendimia, a bodega y cuadrillas.
A jotica mañica y primeras nieblicas.
A Azafrán y a suertes.
A tareas de arado y siembra que dan paso a Santa Cecilia y a su fiesta.

Y si es en invierno:

A matanza del gorrino.
A aceituna y molino.
A mazapán y villancico.
A Santos Viejos y grañones.
A Titos y testones.
Que por todos los lugares de este suelo y sus rincones
Sus olores identifican a TODAS ESTAS TRADICIONES.

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Y en los rincones de esta bandera voy a hacer una parada para plasmar en ellos la importancia de la Orden Militar de San Juan de Jerusalén durante la repoblación de esta TIERRA que resucitó al Cristianismo, tras la Reconquista Cristiana de la península. “Tierra sin Agua” o “La´aMa-anxa”, así fue como llamaron los árabes a este suelo, al que supieron enriquecer con técnicas de regadío, pozos de noria y trabajos en el alfar, así como también nos brindaron la oportunidad de contar con el cultivo de ese “oro rojo” al que llamamos Azafrán.

Las cruces de ocho puntas de la también conocida como Orden de Malta, hacen alusión a una Orden Militar, religiosa y hospitalaria que tuvo como primitiva función,el FIN ASISTENCIAL para beneficio de sus miembros, familiares y bienhechores, aunque con el tiempo se centró en la defensa de Tierra Santa, tras la reconquista cristiana en gran parte de la Mancha.

En la iconografía cristiana, el número 8 simboliza la RESURRECCIÓN, pues bien, de cada una de las OCHO CRUCES de esta Orden del Hospital de San Juan que se representan en esta bandera, me gustaría extraer un VALOR o VIRTUD, que debemos TODOS comprometernos a adquirir, para “ASISTIR” a nuestro pueblo de la mejor manera, (como lo hizo esta Orden Militar hace siglos), y que sin duda alguna, ayudarán a fortalecer y “resucitar” ese importante sentido de pertenencia a este suelo. Eso mismo nos permitirá ser útiles a nuestros semejantes y conciudadanos.

1. EDUCACIÓN: Uno de los grandes pilares del progreso que hace al hombre ser hombre.
2. RESPETO: Fundamental en nuestra convivencia.
3. SENCILLEZ: Es el sello de la Verdad.
4. TOLERANCIA: Seamos más comprensivos con los que piensan de diferente manera a nosotros.
5. FRATERNIDAD: Cooperemos los unos con los otros, favoreciendo, sobre todo, a aquellos más frágiles y desfavorecidos.
6. SOLIDARIDAD: Seamos solidarios y más en estos momentos.
7. HONRADEZ: Muy demandada y necesaria hoy en día.
8. CULTURA: Para enriquecer y ensanchar el Alma, y ello nos hará ser mejores personas.

Con todos estos ingredientes, aderezados con mucho Amor y una Sonrisa, las mujeres y hombres que habitan estas tierras, alcanzarán su máxima aspiración como seres humanos, y haremos de este pueblo un lugar único y ejemplar.

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Representado en la bandera y marcando los cuatro puntos cardinales y el mundo terreno, observamos EL ÁRBOL DE LA VIDA.

El árbol es un ser vivo que reproduce los fenómenos cíclicos de la naturaleza: BROTAR, FLORECER, FRUCTIFICAR, DECAER Y SECARSE, muy comparable con el ciclo evolutivo de nuestras vidas.

Las villafranqueras y villafranqueros somos las hojas de este árbol llamado Villafranca, y en sus ramas nos sustentamos. Las ramas “nuestras familias”, son las que marcan la estirpe y el linaje de pertenencia con la que debemos ser respetuosos, pues nuestra nobleza no viene por títulos aristocráticos ni señoriales, sino marcada por el sudor del trabajo y las durezas de las manos que, sin lugar a dudas, las honran.

El árbol hunde sus raíces en la tierra que le aporta la nutrición necesaria para vivir, esas RAÍCES que alimentan el Amor al PUEBLO, a la diosa tierra, a ese suelo que engendra y que comparo con las madres de este árbol, tesoro de todos nuestros afectos.

¡Vaya pues, un fuerte aplauso a todas las mujeres, MADRES de éste MI PUEBLO!

Las raíces de este árbol son las SEÑAS DE INDENTIDAD, encarnadas en nuestra HISTORIA, nuestros HITOS EMBLEMÁTICOS ( nuestras queridas Lagunas, nuestra hermosa Ermita del Cristo ), nuestras TRADICIONES y COSTUMBRES, como lo es la Fiesta de Ánimas y el Carnaval, que piden, “y como decían antaño, YA RATUÁ” la merecida catalogación como Fiesta de Interés Turístico Regional.

Con respecto a la Historia, he de deciros algo: “Dicen del pasado que es posible enterrarlo, pero no es cierto, porque el pasado se abre paso a zarpazos”.

La Historia, como la vida, es impredecible, pero es necesario que la conozcamos, porque como dijo un famoso político alemán: “Un pueblo que no conoce su historia, no puede comprender el presente ni construir el futuro”.

Me considero una persona en busca de cronistas populares, a modo de antropólogo cultural, (si así os gusta definirlo), en definitiva, un paisano vuestro en busca de noticias, costumbres, sentimientos y sensaciones que den explicación y sentido a su origen, su procedencia, y el destino de su corazón.

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Como veis, a través de las calaveras que también marcan la cuatripartición de la bandera, nos topamos de lleno con el símbolo de la MUERTE.

“La experiencia del ser a quien se percibía vivo, y que, en un momento determinado, dejaba de manifestarse como tal, para pasar a la QUIETUD definitiva”, debió de impresionar al hombre desde los primeros destellos de su razón.

La Muerte indica que algo finaliza: un ciclo se cierra; pero por otra parte, la periódica renovación de la naturaleza (el rebrotar de la vegetación en primavera), le debió de sugerir las primeras nociones de regeneración, concibiendo el hecho de la muerte, uno más en la constante universal del “eterno retorno”.

Ello dota a la muerte, desde las épocas más remotas, de un carácter ambivalente: es terminación, pero también comienzo, como en la fe cristiana, que a través de semejante intuición primitiva, es el nacimiento a la vida eterna.

Ya incluso en la Prehistoria, concretamente en el Paleolítico, el hombre comienza a preocuparse por el destino de sus difuntos. Esta inquietud le hizo interrogarse sobre el sentido de la vida y encontrar orden en el cosmos. Los hallazgos de la “Sima de los Huesos” en Atapuerca (Burgos) corroboran que ya en aquellos tiempos, el hombre cuidaba, homenajeaba y rendía culto a sus muertos, a los que enterraba (en la Edad de los Metales) con ajuares funerarios, con armas y adornos cerca de sus poblados.

Y esa misma preocupación del hombre por sus difuntos hará posible que siglos después, y concretamente en la 2ª mitad del s. XVI se sienten las bases de lo que terminará consolidándose, a lo largo del siglo XVII, como Cofradías Sacramentales de las Parroquias y Hermandades de Ánimas, cuyo fin asistencial irá destinado a la celebración de misas y sufragios por las almas de sus difuntos.

Y en este suelo mío, aún pervive y se conserva la Fiesta de Ánimas,que también asiste y rinde servicio a sus difuntos, a las almas de este pueblo, de este árbol, (a través de ritos, cera e incienso, homenaje y alabanzas, saludos matutinos y vespertinos, y volteo de banderas), todo ello, en favor de aquellos que están bajo la tierra que un día les vio nacer, y en la que dejaron su huella, aportando lo mejor de su existencia.

La Muerte es un tránsito, el paso de un estado a otro, el viaje que efectúa el Alma del Ser y que provoca el desvanecimiento de la materia; un estado enmudecido donde reina el silencio absoluto y el descanso eterno.

Nuestros difuntos son las hojas que han caído de este árbol llamado Villafranca, Hojas, que dan paso a una nueva generación, pero que enriquecen y alimentan a este suelo, estando siempre presentes en la memoria de nuestro corazón a través del recuerdo.

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Y con la Muerte coronada de Gloria, llegamos a una figura perfecta que no tiene principio ni fin, al CENTRO DE LA BANDERA, pasando del cuadrado al círculo, de lo terreno a lo sobrenatural, y a su simbólica elocuencia, que plasman dos mundos antagónicos: el Cuadrado y el Círculo, la tierra y el cielo, la imperfección y la perfección, el cambio y la estabilidad, lo perecedero y lo eterno, el carácter efímero del cuerpo y la materia, y lo inmortal del alma.

En el círculo encontramos al Ser, la Esencia, el centro de Todo, a la Divinidad en el sentido más amplio, encarnado en el símbolo de la Custodia rematada en doce puntas dentro de una AUREOLA TEOCRÁTICA.

El doce (12) es símbolo de la perfección, lo completo y la unidad, sobre fondo blanco asociado a la Luz; pero este número también simboliza:

Las Doce Tribus de Israel
Los Doce Apóstoles
Las Doce Puertas de la Jerusalén Celeste
Los Doce Meses del Año
Las Doce Horas del Día y las doce horas de la Noche

El doce (12) también es símbolo de Identidad e Integridad, relacionando el color amarillo con la Deidad, la Luz, con el Sol que ilumina al hombre.

Y fueron, antaño, familias de este árbol, de esta tierra, (muy vinculadas al cumplimiento de Mayordomías, unas capitanas y otras sus abanderadas), las que mantuvieron encendida esta noble tradición que ha llegado hasta nuestros días en un buen estado de conservación, aunque con algunas modificaciones exigidas por el devenir de los nuevos tiempos.

“Con devoción y gusto cumplieron mayordomías, ya fueran: capitanas y abanderadas, mayores y menores, muchas familias de antaño, recorriendo los cuatro puntos cardinales, mañana y tarde, para dar el saludo a nuestros santos viejos (intermediarios de lo terreno y lo celestial), con esas banderas bordadas, por cierto, con impecable destreza por la ya desaparecida Paca de Seta y la ayuda de Adriana en los últimos años;para cumplir con el ritual: ¿Y quiénes fueron?El tío Narciso Mariblanca y su hijo el tío Triguero, la familia de los Choriceros, la familia de los Candiales, la tía Vitorina de Chorriles “la guisandera”y la familia de Anselmo Fernández Culogalga, así como también fueron entrantes y conocían bien los entresijos de esta fiesta protocolaria y carnavalesca, acudiendo a vísperas y dando con arte, no sólo a la bandera, sino también el “puñao”, la familia de Manuel Caballero Maroto y su nieto Feliciano Caballero, la Familia de Francisco Marchante “Colín”, El tío Hermenegildo, Los Narros y los Malandranes, la familia de la tía Visita, la Romana “de Gulle” y por supuesto, también lo hizo, la familia Albo, queriendo reconocer, de forma especial y a título personal, al Tío Germán, por su disponibilidad y amor a esta fiesta.

Comitiva de Ánimas que iban acompañadas en multitud de ocasiones por el soniquete del tamparatam de los tambores de ánimas ejecutado por Natalio Alcolado y Domingo Chorlito.
Vaya pues este pequeño homenaje a todas estas personas, y muchas familias más, que por motivos de espacio no puedo mencionar (pidiendo disculpas por ello), pues han iluminado de forma tamizada a esta Fiesta para que, hoy, sea una tradición viva que florece año tras año.

UNIÓN DE AMBAS FIESTAS: Sacra y Profana

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Al igual como las figuras de esta bandera me han servido de inspiración para reflejar en ella a mi pueblo, en relación con esta fiesta sagrada; también sus colores me evocan a la alegría, al antifaz y el disfraz, a desfiles y comparsas, a la máscara, la purpurina, la fiesta callejera, la permisividad, la algarabía y la música festera.

Y por ello, me vais a permitir el empleo de un fenómeno atmosférico que recoge la gama de colores que tiene esta bandera: el ARCO IRIS, que simbólicamente, representa el Pacto entre Yahvé y Noé, tras el diluvio universal.

A modo de puente maravilloso que une Cielo y Tierra, quiero compararlo con el Estado en el que coexisten en este pueblo:

Una Fiesta Sagrada, relacionada con lo celestial (La Fiesta de Ánimas).

Y otra Fiesta Profana, relacionada con lo carnal y pecaminoso del mundo terrenal (El Carnaval).

Fiesta Ambivalente que forma parte indiscutible de nuestra idiosincrasia cultural.

Mi recuerdo, reconocimiento y añoranza a esas “Peñas”, que un día encendieron la mecha de la ilusión y el empeño, haciendo a nuestro carnaval elegante y suntuoso, llegando a recrear exhibiciones temáticas muy aplaudidas, aclamadas y vitoreadas, allá por donde desfilaban, enriqueciendo y dando prestigio al carnaval que visitaban.

Hoy, y como si de un símil se tratara, aquellas recreaciones de civilizaciones tan espléndidas como la egipcia, la griega, la romana o la musulmana, que contemplábamos entusiasmados desfilar por la calle “el Toledillo”, la Plaza y el Riato, pasaron al ocaso y a su declive como hoy se percibe en los descendientes de aquellos sabios y nobles pueblos de la antigüedad.

Se escucha la melodía de un pasodoble…

“Nuestra Banda de Música alegrando las calles de este pueblo, acompañando a capitanas y abanderadas con el pasodoble…“Como las propias rosas”…

Ya está sonando ésta y otras alegres melodías que se entremezclan con el peculiar repicoteo de tambores de Ánimas, abriendo paso a la Comitiva Protocolaria en su misión ritualista.

Ambiente festero, que ya desde Navidad viene siendo anunciado por cuatro voces anónimas con sus campanillas, al son de: “ÁNIMAS BENDITAS”, en busca de almas caritativas que contribuyan al sufragio de esta fiesta en beneficio de nuestras hojas caídas, recreando una atmósfera que se regodea con el dulce aroma a miel frita y a roscutrera, a “guisado con pelotillas”, a una buena sopa de cocido, y hasta unas habichuelas con chorizo, listos todos ellos, para llenar de sabiduría los paladares de los que nos sentimos de este guiso.

¡Qué estas palabras recorran los cuatro puntos cardinales, y se extiendan por todo el perímetro poblacional de esta tierra, de este árbol, de este suelo; en el que ha llegado el tiempo de materializar, por plazas y calles, nuestro arraigo y tradición!

Que es Don Carnal el que da licencia
Para el júbilo y la animación
Y con tanta palabrería, se nos enfriará hasta la emoción.
Buscad en baúles, desvanes e incluso en el camarón,
Seleccionar ropajes y hatos,
Adornos y objetos aptos para la ocasión.
Maquillad la pena y la preocupación
Con brillantina y un acento burlón,
Al menos, durante estos tres días de alegre acción.
Sacad, en tiempos de injusticias y sinrazón
Vuestro ingenio e ilusión,
Vuestra creatividad con fuertes dosis de imaginación,
Que es momento de la crítica social tolerable y la diversión
De la risa a carcajadas, con entusiasmo socarrón,
Pero también es la ocasión de la oración, del rito y la devoción
Así es, pues, queridos paisanos, nuestro Carnaval sin parangón.

JOSÉ MANUEL VELASCO DÍAZ-ALEJO